Me han robado un palco. el libro en memoria de Cesáreo Victorino

Tras años de hurgar en cajas de cartón, donde habitan fotos y recortes periodísticos, Patricia Mungaray escribe el libro recordando a la leyenda de aquella Máquina setentera
Hay una mujer llamada Patricia, cuya habitación está llena de cajas de cartón. Cada una lleva recortes de diarios deportivos, fotos en blanco y negro de futbolistas, crónicas color sepia de los años sesenta y setenta. La imagen que se repite es la de Cesáreo Victorino, mediocampista de aquella Máquina Celeste que se abrió paso en el balompié mexicano a base de goles y títulos. El equipo se mudaba al estadio Azteca. Venía de Hidalgo. Al futbolista, el cronista Ángel Fernández lo bautizó como El hombre de la máscara.
Hoy es la madre de Cesáreo Victorino Mungaray (también futbolista) y abuela de seis niños. De tanto hurgar en las cajas llenas de recortes y recuerdos; y ante la insistencia de los nietos por conocer quién fue su abuelo, Patricia decidió escribir un libro.
Después de darle vueltas al asunto, Patricia Mungaray Cruz Ahedo se animó a escribir sobre Cesáreo Victorino Ramírez. La afición celeste de la vieja guardia sabe que se trata de uno de los integrantes de aquella Máquina setentera que llenó las vitrinas de títulos. Una alineación que todavía se saben de memoria muchos nostálgicos cementeros: El Gato Marín; Marco Antonio Ramírez, el Kalimán Guzmán, Alberto Quintano y el Pierna fuerte Sánchez Galindo; Manuel Alejándrez, Cesáreo Victorino y Héctor Pulido; Fernando Bustos, el Centavo Muciño y Eladio Vera. ¿En la banca?: Jesús Prado, Alberto Gómez y el Ojitos Meza. El técnico era el Güero Raúl Cárdenas.
Patricia Mungaray recorre la vida de Cesáreo, su niñez en la colonia Tránsito, su familia y su incursión al mundo futbolístico. La época dorada en el Cruz Azul campeonísimo, su traspaso al Jalisco y de ahí la mudanza al enemigo llamado América. “Cesáreo quería retirarse en Cruz Azul, pero los americanistas eran dueños de su carta y no se lo permitieron”.
Victorino fundador y pionero de la Universidad del futbol. El club Pachuca sabe que Cesáreo posee toda una serie de capacidades organizacionales y por ende ven la manera de proyectar de el, es mostrado oficialmente durante la ceremonia pública de la reestructuración de la escuela de futbol y sus fuerzas básicas. El acto estuvo presidido por Andrés Fassi, Cesáreo Victorino es presentado como Director de Fuerzas Básicas. Lamentablemente su gran proyecto queda truncado, perdería la vida, con otros jugadores, en un accidente carretero, luego de que el autobús del equipo se estrellara en Cuernavaca, Morelos, en horas de la madrugada. Fue el 19 de junio de 1999. Victorino tenía 52 años de edad.

“¿Por qué el título de Me han robado un palco? Porque al morir Cesáreo, no volví más al futbol”.

Prólogo de Agustín Manzo

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