La tecnología vs el conocimiento, la experiencia y la capacidad intuitiva del entrenador


La tecnología vs el conocimiento, la experiencia y la capacidad intuitiva del entrenador

La tecnología telemétrica aplicada al deporte, con la inmensa mercadotecnia que la respalda, ha logrado envolver a los jóvenes entrenadores que están incursionando en esta nueva faceta, con la responsabilidad que implica estar frente a un equipo; y destantear al entrenador que lleva algunos años en estos menesteres.

Las nuevas tecnologías aplicadas al deporte, sin un sustento de sólida preparación teórica sobre entrenamiento, por parte de quienes la interpretan,pueden ocultar las creencias, visiones, y lucubraciones explicativas del futbol.

Ahora es más fácil inclinarse ante su majestad, la computadora, y ver en un software, el enrevesado mundo de diagramas, colores y cifras que nos dicen con precisión lo que acaba de hacer el jugador, (pulso, volúmenes de carrera a distintas velocidades, pases realizados, etc.) en un entrenamiento o en un partido. Por lo tanto, el análisis de los datos que nos arrojan debería ser la base sobre la que se construya el entrenamiento del día siguiente. Es decir, ya no se habla de microciclo, mesociclo, macrociclo, un año de entrenamiento, sino de un cortito mañana.

Así, permitimos que una máquina (M) y su software, nos dirija el entrenamiento, al interpretar los datos. Datos fríos, sin contexto, salvo otros datos del día anterior. Sin embargo, esta maraña, explicada con innumerables datos, nos obliga a una suerte de ‘descuartizamiento’ del entrenamiento para tratar de personalizar la carga por niveles de capacidad y posiciones dado que los jugadores en la unidad de entrenamiento (UE) anterior mostraron un nivel de rendimiento determinado y en la UE posterior se encuentran ante la influencia de la carga anterior.

Las cargas técnico-tácticas no son tan fáciles de adaptarse a un ritmo de entrenamiento, ya que muestran una constante variación de intensidades debido a la posición y disposición del jugador en el ejercicio y, por ende, diferente utilización de las fuentes energéticas.

Es decir, en el entrenamiento del futbol, queramos o no, se mezclan las fuentes energéticas en el trabajo. Por lo tanto, lo único que podemos hacer es utilizarlas de la mejor manera entre los ejercicios y las unidades de entrenamiento.

En este ejemplo se muestra una opción de división de las cargas por intensidades en el marco de un microciclo.

 

   Intensidad máxima

      Intensidad media

       Intensidad baja

   D  5

 

        40   %

        60   %

   D  4

         30   %

        30   %

        40   %

   D   3

        50   %

                   -

        50    %

   D   2

        30   %

        30   %

        40  %

    D   1

                  -

         50  %

        50   %

                                                     J   U   E   G   O

 

Entrenar todos los días con intensidad máxima sería un error metodológico que conlleva riesgos tales como el aumento de la frecuencia de lesiones, aún entrenando con volúmenes muy bajos.

Dado que la M sólo arroja valores actuales -del momento en que transcurre la acción-, los datos obtenidos se almacenan para posteriormente analizarlos e interpretarlos para construir el futuro; en este momento se presenta un problema: se requiere de tiempo para hacerlo y sólidos conocimientos para que la información obtenida sea sólo un apoyo y no tome tal protagonismo que sea la computadora la que decida el entrenamiento.

Es claro que los avances tecnológicos han incursionado en todos los deportes y en todo el mundo; aún en los equipos que tradicionalmente poseían las mejores condiciones científicas para alcanzar grandes resultados. Sin embargo, los jugadores se siguen lesionado (creo que no es necesario que ejemplifique) y, si analizamos detalladamente las estadísticas, esto sucede con una frecuencia quizá superior a la del pasado.

¿No será que la máquina  (M) vuelve a los entrenadores conservadores y les da argumentos para entrenar cortito y agradable para que el grupo se sienta cómodo y contento? Aquí surge una pregunta: ¿Es posible el alto rendimiento sin esfuerzo, sin fatiga, sin dolor; sin mucho tiempo dedicado al entrenamiento; sin combinar las fuentes energéticas; con tiempos de recuperación cortos que no cumplen con las normatividades de la ciencia; sin una mente tranquila; sin confianza en los entrenadores?

Es obvio que todo entrenamiento produce niveles de fatiga diferentes en los integrantes de un equipo y que cada jugador tiene tiempos de recuperación distintos entre cada unidad de entrenamiento. Pero un entrenamiento personalizado y preciso para todos los jugadores es sencillamente imposible, salvo en la charla de café, salvo en un artículo perfectamente depurado. Lo que sucede es que, a muchos entrenadores, temerosos de que se lesionen sus jugadores y que el ambiente se deteriore, les tiembla el pulso a la hora de poner la carga de entrenamiento porque ellos saben que los líderes casi siempre quieren menos trabajo. Sin embargo, lo que nos dice la ciencia del deporte es que menos entrenamiento no da como resultadomejor rendimiento ni menor tasa de lesiones, sino todo lo contrario.

¿Y la planificación del entrenamiento? ¿Deberá desaparecer la planificación a mediano y largo plazo para quedarnos con el día a día -para cada jugador-?

El problema surge cuando se tienen por los menos tres niveles de fatiga en el equipo a la hora de iniciar el entrenamiento, es decir, el grupo de jugadores totalmente recuperados, los medianamente recuperados y los poco recuperados o fatigados. Las causas pueden estar referidas a la carga del día anterior o también se puede deber a causas extra deportivas. Aquí me permito preguntar: ¿Qué hacemos?, ¿Suspendemos el entrenamiento?, ¿Hacemos un entrenamiento individualizado, diferenciado a pesar de que entrenamos un deporte colectivo? ¿Cómo logramos una precisión en la utilización de las reservas energéticas y una fina armonía con los objetivos tácticos, técnicos y físicos de la unidad de entrenamiento? Si planear a una semana es poco tiempo, imaginen planear a diario. ¿No sería un zigzagueo exorbitante de las cargas y aprendizajes del grupo?

  1. En un deporte individual esto es fácil, loable y en ocasiones necesario,  pero en un deporte colectivo la suma de las partes –como nos lo han enseñado los holísticos del entrenamiento- no es igual al todo. Como consecuencia de esta genuflexión a la tecnología, el entrenador pierde ‘ojo’, confianza en sí mismo y capacidad de intuición, porque teme ir contra los datos duros de la M (= ciencia). Pero la ciencia evalúa lo evaluable, es decir, lo tangible, lo medible, lo atrapable a través de la tecnología. Sin embargo, en este caso, el contexto y la cabeza del jugador escapan a su visión y a su comprensión matemática.
  2. La M suministra datos biológicos, condicionales, pero poco nos dice de aquello que los entrenadores experimentados pueden advertir en la cara, en la postura, en el diálogo con un jugador.
  3. La M se ha convertido en una espía ‘implacable de jugadores cómodos’ -muy bien pagados- con grandes deseos de incrementar su fortuna, sin demasiado esfuerzo. La M no entiende si el dolorcito que apareció por la noche ulterior al entrenamiento es real o ficticio. Sólo nos puede indicar cifras: “este jugador no entrenó ayer en forma completa, profesional; por lo tanto, debemos someterlo a una carga extra que compense lo que dejó de hacer ayer”. Peligroso, ¿no? Será por eso que el futbol actualmente está produciendo tantos y tantos lesionados. Por otra parte, mi ojo de entrenador veterano no me muestra un jugador –portando un GPS- preocupado por esa constante auscultación del cuerpo técnico sobre su trabajo. Los veo igual y a muchos con menos intensidad que los muchachos aquellos que entrenaban sin sofisticados software, ahora comprendo, en forma tan empírica.
  4. ¿Cómo nos indica la M la necesidad de aumentar la ‘entrenabilidad’ del jugador para poder someterlo a exigencias superiores? ¿Cómo nos indica la M la forma de mejorar la capacidad volitiva del jugador de tal forma que, cuando se sienta cansado, no baje los brazos porque todavía posee reservas biológicas y psíquicas que le permitirán soportar más tiempo el ritmo de la competencia? Hace años, los alemanes orientales sometían a sus deportistas a cargas ‘supramaximales’, por ejemplo: caminata en la montaña de 6 u 8 horas. Esto se hacía para que el deportista profundizara en su reserva biológicas y psíquicas y saliera fortalecido al saber que era capaz de soportar grandes cargas sin ‘rajarse’.
  5. La precisión de la M ha llevado a que se piense que se puede eliminar trabajo general, considerado superfluo, y que el entrenamiento debe ser totalmente específico, olvidándose que el partido de futbol tiene una duración de 90’ a 120’ en situaciones excepcionales y que el jugador en ese tiempo solo estará con el balón en los pies, apenas un 1 o 2% del tiempo de juego. Es decir, el 98-99% del tiempo de juego será de desplazamientos en ‘seco’, sin el balón al pie. Curiosa contradicción. Sin embargo, la M no es culpable, ya que simplemente arroja datos sobre aspectos para lo que fue diseñada: los cuerpos técnicos son culpables en tanto intentan vender una visión científica de un evento caótico como es el futbol, y el jugador también colabora desde su inconsciencia, presionando para que el entrenamiento se acorte, se haga más específico y divertido, se eliminen sesiones analíticas, como tiro a gol o cabeceo, a pesar de que el cabeceo pueda constituir el 24-25% de las anotaciones en grandes competencias, y eludir en el mayor porcentaje posible la carga sin balón.
  6. ¿Podría la interpretación de los datos que arroja la M determinar que un jugador que quiere hacer una tarea extra al final del entrenamiento, como tiro a gol, velocidad, resistencia, no deba hacerlo, limitando de esta manera la posibilidad de perfeccionamiento? Mi experiencia me dice que nunca se lesionó  un jugador que solicitó y realizó una tarea extra.
  7. En mis entrenamientos físicos la relación semanal entre el trabajo de carrera (velocidad, velocidad resistencia y resistencia aeróbica), - (lo medible con la máquina) y las fuerzas (máxima, rápida, resistencia, de salto, de carrera) puede ser de 80’:100’; o 100’:80’; o 90’:90’, etc. Por ende, tendríamos que averiguar ¿cuál es el impacto del entrenamiento de estas fuerzas sobre el aspecto cardiovascular, mitocondrial, vascular y energético de lo medible, que son las carreras?

En otras palabras, nos quedamos sin información directa del impacto de aproximadamente del 50 a 60% de la carga semanal física realizada en el entrenamiento. La otra opción sería suprimir todo entrenamiento físico y ‘dizque’ meterlo al trabajo con balón, si bien se sabe que algunos aspectos de la capacidad física del futbolista son estimulables con los juegos, pero otros son absolutamente insuficientes.

Nota. Uso el término máquina (M) para acentuar la diferencia entre el ‘adminículo’ tecnológico preciso e insensible y el cerebro humano, flexible, intuitivo, imaginativo y creativo. Yo creo que en el futuro, cuando los futbolistas alcancen unas 15 horas de entrenamiento semanales, será de gran utilidad el uso de las medidas regenerativas existentes así como toda la información asequibles a través de la tecnología. Hoy, en el futbol, se entrena poco y se mide mucho, el resultado es jugadores internacionales acalambrados a los 60’, otros desgarrados y otros de ritmo tortuguesco.